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¿Conoces los efectos de la luz azul?
La llegada de lo digital ha multiplicado el tiempo que pasamos frente a las pantallas, ya sea para el contacto diario con la familia y los amigos, para las obligaciones profesionales o para nuestras costumbres de la noche (la tele o los videojuegos, por ejemplo). Sin embargo, las pantallas emiten una longitud de onda que, a la larga, es peligrosa para la retina. ¿Qué efectos tiene la luz azul? ¿Por qué al ojo le cuesta tanto procesar la luz azul? ¿Qué riesgos supone la luz azul a largo plazo? Te lo explicamos.
Algunos datos sobre el uso de las pantallas
Las pantallas están por todas partes: en el trabajo, en casa o en nuestros smartphones. En el trabajo se han hecho un hueco en todas las profesiones, pero sobre todo en los trabajos de oficina, en los oficios digitales y en la gestión de equipos.
2000: es el número de horas que pasamos de media frente a una pantalla en un solo año.
58: es el número de veces que miramos el móvil en un solo día.
144: es el número de minutos que pasamos cada día en las redes sociales.
3000 millones: es el número de usuarios de smartphone en el mundo.
Si sabemos que el 80 % de la información que recibe el cerebro procede de la vista, entendemos mejor el papel que tienen las pantallas en nuestro día a día. Ya sea para trabajar, informarnos, aprender, jugar o incluso seguir en contacto con nuestros seres queridos, las pantallas están en todas partes.
¿Por qué al ojo le cuesta tanto procesar la luz azul?
¿Qué es la luz azul?
Lo que llamamos «luz azul» es la luz que emiten las pantallas. Se distinguen varios tipos de luz según su longitud de onda. La luz azul se sitúa «al principio» del espectro de luz visible para el ojo humano. El ojo humano no distingue los rayos UV, que también son peligrosos para la salud visual y contra los que usamos gafas de sol para prevenir los daños. La longitud de onda que sigue a los UV es precisamente la de la luz azul: es visible, pero sigue siendo peligrosa, a diferencia del resto de la luz visible, que es beneficiosa.
¿Por qué la luz azul es más peligrosa que otras?

Si la luz azul es más nociva que otras fuentes de luz, es porque su longitud de onda se sitúa entre 380 y 500 nanómetros. Cuanto más corta es la longitud de onda de una luz, más energía produce y más debilita al ojo que la mira. La longitud de onda más peligrosa para el ojo se sitúa entre 415 y 455 nanómetros, por lo que la luz azul podría contribuir al envejecimiento prematuro de la retina.
¿Qué efectos tiene la luz azul?
La luz azul es nociva para la retina, pero también para el organismo en general. Estas son las principales consecuencias de una exposición prolongada a la luz azul:
1. La fatiga visual
La luz azul produce mucha energía, por lo que cansa enormemente al ojo que la mira. Si, cuando trabajas con el ordenador, sientes la necesidad de bajar el brillo o de ajustar el contraste, es que tienes fatiga visual. La vista se nubla, los ojos parecen secos y pican, y sientes dolor en el cuello porque lo giras o lo adelantas para compensar las dificultades de acomodación de los ojos: es la luz azul la que cansa tus ojos. Al parecer, el 70 % de los adultos con fatiga visual no hace nada para solucionarlo, y sin embargo existen soluciones, como llevar gafas anti luz azul, hacer pausas visuales de 20 segundos (mirando a lo lejos o hacia arriba) cada 20 minutos o practicar ejercicios visuales lúdicos pensados para el confort de los ojos.
2. Los dolores de cabeza
Provocadas por la fatiga visual, las migrañas oftálmicas, también llamadas «aura», pueden convertirse en un auténtico suplicio si no se tratan. Los dolores de cabeza causados por la incomodidad visual se deben a que la retina se esfuerza muchísimo para gestionar toda la luminosidad emitida y adaptarse, y al final esto reduce el flujo sanguíneo que llega al ojo, lo que provoca dolor.
3. Los problemas de concentración
Con las pantallas, la información circula más rápido y, gracias a los buscadores, accedemos a ella con más facilidad. Pero estos nuevos sistemas, que pueden considerarse de mayor calidad, lo son a costa de nuestra forma de pensar, que se aferra más a la inmediatez que a la reflexión. Nos cansamos antes y la atención se desvanece. El tiempo que pasamos frente a las pantallas vuela más rápido que el que dedicamos a pensar o a leer un libro, por ejemplo, y por eso cada vez nos cuesta más concentrarnos.
4. El riesgo de DMAE
¿Qué es la DMAE? La degeneración macular asociada a la edad es una enfermedad ocular causada por el envejecimiento del ojo. En concreto, se traduce en una pérdida de capacidad visual y en la aparición de manchas negras en el campo de visión, y puede llegar a provocar una pérdida parcial de la visión si no se trata a tiempo. Un estudio estadounidense realizado en 2018 demostró que la exposición prolongada a la luz azul podría destruir las células fotorreceptoras de la retina, lo que refuerza directamente el vínculo entre el uso de pantallas y la DMAE. La exposición a las pantallas sería, por tanto, el principal factor del deterioro prematuro de la visión.
5. Los trastornos del sueño
La luz azul aumenta la actividad de las células fotosensibles, es decir, hace creer al cuerpo y al cerebro que todavía es de día, y a estos les cuesta pasar al modo «reposo» que marca de forma natural la alternancia entre el día y la noche. El cuerpo y el cerebro creen entonces que deben seguir activos, cuesta conciliar el sueño y a veces se acaba sufriendo insomnio. Desde el punto de vista científico, la producción de melatonina disminuye, y es precisamente esta hormona la que indica al cerebro que es hora de dormir. Se han demostrado efectos extremadamente positivos en personas que llevaron gafas que filtran la longitud de onda corta varias horas antes de dormir: en el nivel de melatonina, en la conciliación del sueño y en su calidad.
Los efectos nocivos de la luz azul son numerosos: dificultad para conciliar el sueño, problemas de concentración, dolores de cabeza, fatiga visual o incluso un mayor riesgo de DMAE. No se trata tanto de preocuparse por algo que nos supera y que necesitamos a diario si seguimos un modo de vida convencional, sino de saber cómo limitar el impacto de las pantallas en la salud visual. Aunque todavía no existe una solución milagrosa, las gafas para pantallas filtran entre el 40 y el 45 % de la longitud de onda de 430 nanómetros, la más peligrosa para el ojo humano, y eso ya es un buen comienzo. Después, se trata de reducir, en la medida de lo posible, las horas que pasamos frente a las pantallas, aunque con nuestro estilo de vida occidental esa independencia suele ser difícil y, para algunos, totalmente imposible.